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Imponente, la mole del
Taigeto se levanta sobre el valle del río Eurotas. El ascenso hasta
la cumbre del macizo es toda una experiencia, especialmente en
invierno, cuando las nieves cubren con su manto las alturas. Pero no
hace falta llegar hasta la cúspide para descubrir este impresionante
paraíso de montaña, donde, tras la exuberancia de sus bosques, bajos
los peñascos donde anidan las águilas, se encuentran pueblos con un
encanto especial, apenas perceptibles entre la espesura. A la
vuelta, en el camino de descenso, podemos hacer un alto en el pueblo
de Xirocambi en cuyas inmediaciones hay un gigantesco olivo y
degustar alguno de los platos de la zona, como el cerdo con cardos,
antes de echar un último vistazo a la sagrada cima del Taigeto. |